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15/2/11

Un mundo sin final, amén

"[...] - ¡Eres un perfecto diablo, Lestat! - iba diciendo -. Eso es lo que eres. ¡Eres el mismo Diablo!

- Sí, lo sé - decía yo. Era tan encantador mirarlo, ver que la rabia lo llenaba de vida -. Adoro oírte decir eso, Louis. Necesito oírtelo decir. No creo que nadie lo diga nunca como tú lo dices. Vamos, dilo otra vez. Soy un perfecto diablo. Dime lo malo que soy. ¡Me hace sentir tan bueno!"

La Reina de los Condenados, Anne Rice

13/1/11

Khayman, mi Khayman.

"[...] También le gustaba la sangre de sus víctimas, claro está. No hacía falta decirlo. No formaba parte de su pequeña broma. La muerte no era divertida para él. Acechaba en silencio a su presa, no quería conocer a sus víctimas. Todo lo que tenía que hacer un mortal era hablarle, y él daba media vuelta. No estaba bien, según su opinión, hablar con esos dulces seres de ojos cálidos y luego engullir su sangre, romper sus huesos y sorber su médula, estrujar sus miembros hasta escurrir totalmente la pulpa. Y era así como se alimentaba ahora, con tanta violencia. Ya no sentía mucha necesidad de sangre; pero la deseaba. Y el deseo lo dominaba en toda su pureza arrebatadora, muy distinta de la sed. En una sola noche, podía hacer un festín y despachar tres o cuatro mortales.

Pero estaba seguro, absolutamente seguro, de que una vez había sido un humano. De que había andado bajo la luz y el calor del día; sí, una vez lo había hecho, aunque evidentemente, ahora no podía. Se imaginaba sentado en una mesa de madera, cortando por la mitad un melocotón maduro con su pequeño cuchillo de cobre. Era bello el fruto que tenía ante sí. Conocía su sabor. Conocía el sabor del pan y de la cerveza. Veía el sol brillando en la monotonía amarilla de la arena, que, afuera, se extendía kilómetros y kilómetros. Túmbate y descansa en el calor del día, le había dicho alguien una vez. ¿Era el último día en que había estado vivo?[...]"

La Reina de los Condenados, Anne Rice

30/10/10

El magnífico egoísmo de Magnus

Hace unas semanas decidí volver a leerme todos los libros de Anne Rice. Probablemente parezca una magna misión, puesto que son bastantes libros... Por no hablar también de que tengo tantos otros autores a los que leer por primera vez, pero cada vez que oigo mencionar a Lestat (sobre todo por mi cuñada, que ha empezado a leerse los libros y cada vez que habla de ellos me pone los dientes largos!) o leo en foros frases pronunciadas por Marius o Maharet, me entra una nostalgia por el magnífico mundo de vampiros y brujas que llegó a crear Rice... y recuerdo todas las sensaciones que experimenté por aquel entonces, que me ha resultado imposible resistirme por más tiempo a una segunda lectura de la obra de Anne Rice. Así que me he puesto a ello.

Reencontrarse con los libros después de tantos años resulta un tanto confuso, puesto que, primero, lo revives todo de nuevo, tal cual lo estás leyendo, sin complicaciones. Segundo, recuerdas quién eras por aquel entonces y cómo reaccionabas a lo que estabas leyendo. Y tercero, ahora todo lo entiendes de otra forma, por cómo eres ahora y por toda la experiencia que ya tienes a tus espaldas (que son 10 años ya xD). Quizás se llega a comprender mejor, de una forma más profunda, y se es capaz de ir más allá de la simple figura de Lestat, traspasar la carne y beber de su alma, entendiendo, realmente, lo que está contando. Es curioso cómo la historia sigue siendo la misma, pero a la vez tan diferente... al igual que el lector.

De momento, voy por el segundo libro, "Lestat El Vampiro", después de dejar atrás ya el sombrío y gris "Entrevista con el Vampiro". Qué diferentes son los libros, por lo diferentes que son ambos protagonistas. A todo el primer tomo le envuelve un aura melancólica y depresiva. Louis nunca fue, en realidad (al menos, para mi), un vampiro demasiado pasional. Siempre le he visto muy pasivo en cuanto a su naturaleza, sobre todo porque es uno de los que más se aferran a su parte humana. Pero en el segundo tomo, ya con Lestat como absoluto protagonista, hay una atmósfera mucho más trabajada, mucho más desgarradora, trágica y por supuesto, muchísimo más interesante.

Uno de los primeros puntos interesantes con los que me he reencontrado ha sido al Matalobos. No por la escena en la que Lestat, humano todavía, se enfrenta a ocho lobos y sale triunfador, sino por la aparición de Magnus. Es rápida, sombría y perturbadora. Y Lestat se da cuenta de que ese ser con máscara que le observa, en el teatro, en realidad no corresponde a ese sitio y sabe de él y de los lobos.

La conversión no se hace esperar. Y Magnus, un vampiro de vete tú a saber cuántos años y del que no sabemos un carajo, decide que Lestat, magnífico como ser humano, será espléndido como vampiro. En un arrebato de puro egoísmo (o no, según se mire), decide acabar con la vida mortal de un joven perfecto, y nombrarle su heredero. ¿Y qué nos regala? A Lestat el Vampiro. Al Príncipe de las Tinieblas. A uno de los seres sobrenaturales más emblemáticos del género. Ríete tú de Drácula. O de Bill Compton.

Y una se pregunta: ¿Quién era Magnus? ¿Y qué promesas tenía que cumplir? Anne Rice nos deja con un palmo de narices, obligándonos a hacer un ejercicio de imaginación. Qué habrá pasado el vampiro para decidir buscar un heredero y poder así tirarse al fuego. ¿Y qué necesidad tenía realmente de convertir a alguien en vampiro? ¿Por qué no se tiró a la hoguera, sin más, sin truncar la vida de alguien mortal?

Y aún así, nos deja uno de los grandes momentos del libro (claro que hay otros doblemente sublimes... que jamás se me olvidarán, por muchos años que pasen), en los que Magnus muestra un atisbo de su magnificencia. Y luego, sin más, auténtico egoista, se tira al fuego. Y nos deja a Lestat enteramente a nosotros. Gracias, Magnus.

"- Estás muriendo, Matalobos - oí decir a Magnus-. La luz de tus ojos azules se está apagando como si todos los días de verano hubieran terminado...
- No, por favor...
La sed resultaba insoportable. Yo tenía la boca abierta y la espalda arqueada. Y allí estaba por fin el horror último, la propia muerte, en aquella forma.
- Pide, hijo - sugirió él. Su rostro había dejado de ser una máscara sonriente, totalmente transfigurado en una expresión compasiva. En aquel momento parecía casi humano; su vejez resultaba casi natural -. Pide y recibirás. [...]
- Ayúdame, por favor.
- Yo te daré el agua de todas las aguas - me susurró al oído, y me pareció que su piel no era del todo blanca.[...] - El vino de todos los vinos - susurró-. Éste es mi Cuerpo, ésta es mi Sangre.
Y, con esto, sus brazos me rodearon. Me atrajo hacía sí y noté que emanaba de él un gran calor. Parecía estar lleno, no de sangre, sino de amor a mí.
- Pídelo, Matalobos, y vivirás eternamente - murmuró.
[...]
- ¡Ah, helo ahí! - dijo la voz espectral con sus lentas palabras, con sus interminables susurros -. Mi heredero, escogido para tomar de mí el Don Oscuro con más energía y valor que diez mortales. ¡Qué gran Hijo de las Tinieblas vas a ser!"

28/8/10

Entrevista con el Vampiro

"[...]Y entonces se agachó sobre mi cabeza indefensa y, quitándome el brazo derecho de encima, se mordió su propia muñeca. La sangre se derramó encima de mi camisa y de mi abrigo y él la contempló con ojos brillantes y entrecerrados. Pareció que la miraba durante una eternidad, y el resplandor de la luz ahora colgaba detrás de su cabeza como el trasfondo de una aparición. Pienso que supe lo que pensaba hacer antes de que lo hiciera. Y yo esperaba, en mi estado indefenso, como si lo hubiera estado esperando hacía años. Me puso su muñeca ensangrentada contra los labios y dijo con firmeza, con algo de impaciencia:
- Louis, bebe."

Anne Rice

19/8/10

Caín

"(...) Preguntó isaac, Padre, qué mal te he hecho para que quisieras matarme, a mí que soy tu único hijo, Mal no me has hecho, isaac, Entonces por qué quisiste cortarme el cuello como si fuese un borrego, preguntó el chiquillo, si no hubiera aparecido ese hombre, a quien el señor cubra de bendiciones, para sujetarte el brazo, estarías ahora llevando un cadáver a casa, La idea fue del señor, que quería la prueba, La prueba de qué, De mi fe, de mi obediencia, Y qué señor es ese que ordena a un padre que mate a su propio hijo, Es el señor que tenemos, el señor de nuestros antepasados, el señor que estaba aquí cuando nacimos, Y si ese señor tuviera un hijo, también lo mandaría matar, preguntó isaac, El futuro lo dirá, Entonces el señor es capaz de todo, de lo bueno, de lo malo y de lo peor, Así es, Si tú hubieras desobedecido la orden, qué habría sucedido, Lo que el señor suele hacer es mandar la ruina o una enfermedad a quien le falla, Entonces el señor es rencoroso, Creo que sí, respondió abraham en voz baja, como si temiese ser oído, para el señor nada es imposible, Ni un error, ni un crimen, preguntó isaac, Los errores y los crímenes sobre todo, Padre, no me entiendo con esta religión, Haz por entenderte, hijo mío, no tendrás otro remedio, ahora voy a hacerte una petición, una humilde petición, Cuál, Que olvidemos lo que ha pasado, No sé si seré capaz, padre, todavía me veo sobre la leña, atado, y tu brazo levantado, con el cuchillo reluciente, El que estaba ahí no era yo, en mi perfecto juicio nunca lo haría, Quieres decir que el señor enloquece a las personas, preguntó isaac, Sí, muchas veces, casi siempre, En cualquier caso, quien tenía el cuchillo en la mano eras tú, El señor lo había organizado todo, en el último momento intervendría, viste al ángel que apareció, Llegó con retraso, El señor habría encontrado otra manera de salvarte, probablemente sabía que el ángel se iba a atrasar y por eso hizo aparecer a ese hombre, Caín se llama, no olvides lo que le debes, Caín, repitió abraham obediente, le conocí antes de que tú hubieras nacido, El hombre que salvó a tu hijo de ser degollado y quemado en el haz de leña que él mismo transportó sobre la espalda, Eso no te ha pasado, hijo mío, Padre, la cuestión, aunque a mí me importe mucho, no es tanto que yo haya muerto o no, la cuestión es que estamos gobernados por un señor como éste, tan cruel como baal, que devoró a sus hijos, (...)"

José Saramago

27/6/10

Táctica y estrategia

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Mario Benedetti

24/4/10

El Evangelio del Mal

"... Al principio, el Abismo eterno, el Dios de los dioses, la sima de donde habían surgido todas las cosas, creó seis mil veces un millón de universos para hacer que la nada retrocediera. Luego, a esos seis mil veces un millón de universos los dotó de sistemas, de soles y de planetas, de todo y de nada, de lleno y de vacío, de luz y de tinieblas. A continuación les insufló el equilibrio supremo, según el cual una cosa solo puede existir si su no cosa coexiste con ella.

Así pues, todas las cosas salieron de la nada del Abismo eterno. Y al articularse cada cosa con su no cosa, los seis mil millones de universos entraron en armonía.

Pero, para que esas innumerables cosas engendraran a su vez las multitudes de cosas que iban a dar la vida, necesitaban un vector de equilibrio absoluto, el contrario de los contrarios, la matriz de todas las cosas y de todas las no cosas, el Bien y el Mal.

El Abismo eterno creó entonces la ultracosa, el Bien supremo, y la ultra no cosa, el Mal absoluto. A la ultracosa le dio el nombre de Dios. A la ultra no cosa le dio el nombre de Satán. Y a esos espíritus de los grandes contrarios los dotó de la voluntad de combatirse eternamente para mantener los seis mil millones de universos en equilibrio.

Luego, cuando todas las cosas se articularon por fin sin que el desequilibrio viniera nunca más a romper el equilibrio que lo sostenía, el Abismo eterno vio que eso era bueno y se cerró de nuevo. Mil siglos transcurrieron entonces en el silencio de los universos que crecían.

Llegó por desgracia un día en que, habiéndose quedado solos rigiendo esos seis mil veces un millón de universos, Dios y Satán llegaron a un grado tan elevado de conocimiento y de aburrimiento que, a despecho de lo que el Abismo eterno les había prohibido, el primero se puso a crear un universo más en su propio nombre. Un universo imperfecto que el segundo se afanó en destruir por todos los medios, para que ese universo que hacía el número seis mil veces un millón más uno no llegara a destruir el orden de todos los demás debido a la ausencia de su contrario.

Entonces, al desarrollarse la lucha entre Dios y Satán solo en el interior de ese universo que el Abismo eterno no había previsto, el equilibrio de los demás universos empezó a romperse.

[...]

El primer día, cuando Dios creó el Cielo y la Tierra, así como el sol para iluminar su universo, Satán creó el vacío entre la Tierra y las estrellas y sumió al mundo en las tinieblas. El segundo día, cuando Dios creó los mares y los ríos, Satán les dio el poder de alzarse para engullir la creación de Dios.

El tercer día, cuando Dios creó los árboles y los bosques, Satán creó el viento para abatirlos, y cuando Dios creó las plantas que curan y que calman, Satán creó otras, venenosas y provistas de pinchos.

El cuarto día, Dios creó el pájaro y Satán creó la serpiente. Después, Dios creó la abeja y Satán la avispa. Y por cada especie que Dios creó, Satán creó un predador para aniquilar esa especie. Después, cuando Dios repartió a sus animales por la superficie del Cielo y de la Tierra para que se multiplicaran, Satán dotó de garras y de dientes a sus criaturas y les ordenó matar a los animales de Dios.

El sexto día, cuando Dios decidió que su universo estaba preparado para engendrar la vida, creó dos espíritus a imagen y semejanza del suyo a los que llamó hombre y mujer.

En respuesta a este crimen de los crímenes contra el orden del universo, Satán lanzó un maleficio contra esas almas inmortales. Después sembró la duda y la desesperación en su corazón, y robando a Dios el destino de su creación, condenó a muerte a la humanidad que iba a nacer de su unión.

Entonces, comprendiendo que la lucha contra su contrario era vana, el séptimo día Dios entregó los hombres a los animales de la Tierra para que los animales los devoraran. Luego, tras haber encerrado a Satán en las profundidades de ese universo caótico que el Abismo eterno no había previsto, dio la espalda a su creación y Satán se quedó solo para atormentar a los hombres."

Patrick Graham

16/4/10

La Mecánica del Corazón

"[...] Anna y Luna tienen aspecto de niñas viejas. Imagino que, al fin y al cabo, eso es lo que son, un par de niñas de treinta años disfrazadas con ajustados trajes de piel falsa de leopardo. Desprenden un inconfundible aroma a hierbas provenzales, un perfume de cigarro natural que las acompaña incluso cuando no fuman. Esos cigarrillos les proporcionan una aureola brumosa y da la sensación que les cosquilleen el cerebro, pues siempre les provocan risas. Su juego favorito consiste en enseñarme palabras nuevas. Jamás me revelan su significado, pero ponen todo su empeño en que las pronuncie perfectamente. Entre todas las palabras maravillosas que me enseñan, mi preferida siempre será cunnilingus. Me lo imagino como un héroe de la Roma antigua, Cunnilingus. Hay que repetirlo varias veces, Cu-ni-lin-guss, Cunnilingus, Cunnilingus. ¡Qué maravillosa palabra!

Anna y Luna no se presentan nunca con las manos vacías, siempre traen un ramo de flores robado en el cementerio o la levita de algún cliente muerto durante el coito. Para mi cumpleaños me regalaron un hámster. Le puse Cunnilingus."

Mathias Malzieu

26/3/10

La Mecánica del Corazón

"[...]- Has vuelto a ver a la pequeña cantante, ¿verdad? La última vez que viniste con el corazón en un estado tan penoso fue cuando la oíste cantar.
Madeleine me habla como si hubiera vuelto con los zapatos de domingo destrozados de tanto jugar a fútbol.
Mientras se dispone a enderezar mi aguja con la ayuda de una ganzúa, comienzo a contarle la pelea. Con tan solo recordar el episodio, mi corazón renueva sus latidos.
- ¡Has hecho una tontería!
- ¿Acaso puedo remontar el curso del tiempo cambiando el sentido del movimiento de mis agujas?
- No, forzarás los engranajes y te dolerá horrores. Pero no tendrá ningún efecto. No podemos volver jamás sobre nuestros actos pasados, ni siquiera con un reloj en el corazón."

Mathias Malzieu


19/3/10

Frankenstein

"... Y por un instante, me atreví a sacudirme las cadenas y a mirar a mi alrededor con espíritu sereno y libre; pero el hierro me había mordido en la carne, y nuevamente me sumergí, temblando y desesperanzado, en el abismo miserable de mi propio yo."

Mary W. Shelley

6/3/10

La mecánica del corazón

"Primero, no toques las agujas de tu corazón. Segundo, domina tu cólera. Tercero y más importante, no te enamores jamás de los jamases. Si no cumples estas normas, la gran aguja del reloj de tu corazón traspasará tu piel, tus huesos se fracturarán y la mecánica del corazón se estropeará de nuevo."

Mathias Malzieu

16/2/10

El Hombre Duplicado

"[...]Para el relator, o narrador, en la más que probable hipótesis de preferir una figura beneficiada con el sello de la aprobación académica, lo más fácil, una vez que se ha llegado a este punto, sería escribir que el recorrido del profesor de Historia a través de la ciudad, y hasta entrar en casa, no tuvo historia. Como una máquina manipuladora del tiempo, sobre todo en el caso de que el escrúpulo profesional no se haya permitido la invención de una algazara callejera o de un accidente de tráfico con la única finalidad de llenar los vacíos de la intriga, esas tres palabras, No Tuvo Historia, se emplean cuando hay urgencia de pasar al episodio siguiente o cuando, por ejemplo, no se sabe muy bien qué hacer con los pensamientos que el personaje está teniendo por su propia cuenta, y más si no tienen relación con las circunstancias vivenciales en cuyo cuadro supuestamente se determina y actúa. Ahora bien, en esta situación, precisamente, se encontraba el profesor y novel amador de vídeos Tertuliano Máximo Afonso mientras iba conduciendo su coche. Es verdad que pensaba, y mucho, y con intensidad, pero sus pensamientos eran hasta tal extremo ajenos a lo que en las últimas veinticuatro horas había estado viviendo, que si decidiésemos tomarlos en consideración y los trasladáramos a este relato, la historia que nos habíamos propuesto contar tendría que ser inevitablemente sustituida por otra. Es cierto que podría valer la pena, mejor dicho, dado que conocemos todo sobre los pensamientos de Tertuliano Máximo Afonso, sabemos que valdría la pena, pero eso representaría aceptar como baldíos y nulos los duros esfuerzos hasta ahora acometidos, estas casi sesenta compactas y trabajosas páginas ya vencidas, y volver al principio, a la irónica e insolente primera hoja, desaprovechando todo un honesto trabajo realizado para asumir los riesgos de una aventura, no sólo nueva y diferente, sino también altamente peligrosa, que, no tengamos dudas, a tanto los pensamientos de Tertuliano Máximo Afonso nos arrastrarían. Quedémonos por tanto con este pájaro en la mano en vez de con la decepción de ver volar a dos. Aparte de eso, no queda tiempo para más. Tertuliano Máximo Afonso ha estacionado el coche[...]."

O por qué José Saramago es Premio Nobel de Literatura.

22/10/09

Alexis o el tratado del inútil combate

Las perlas de Marguerite Yourcenar:

"El pasado, por poco que uno piense, es algo infinitamente más estable que el presente, por lo que parece de una consecuencia mucho mayor."

"Hubiera podido creerse que nosotros no existíamos, que unos personajes invisibles, pero mucho más imponentes, continuaban llenando con su imagen los espejos de nuestra casa. (...) podría decirse que en las viejas familias nobles son los vivos los que parecen la sombra de los muertos."

"(...) y todo el mundo, alrededor mío, admitía que se puede ser feliz sin dejar de estar triste."

"Dicen que en las casas viejas siempre hay algún fantasma; yo nunca vi ninguno, y sin embargo, era un niño miedoso. Quizás comprendiese ya que los fantasmas son invisibles porque los llevamos dentro."

"Pequé de silencio ante ti y ante mí. Cuando el silencio se instala dentro de una casa, es muy difícil hacerlo salir; cuanto más importante es una cosa, más parece que queramos callarla. Parece como si se tratara de una materia congelada, cada vez más dura y masiva: la vida continúa por debajo, sólo que no se la oye. (...) Todo silencio está hecho de palabras que no se han dicho."

"(...) todos nos transformaríamos si nos atreviéramos a ser lo que somos."

"Con frecuencia, el alma no me parece más que una simple respiración del cuerpo."

"No sabía que es más difícil ceder una sola vez que no ceder jamás."

"La memoria de las mujeres se parece a esas mesas antiguas que utilizan para coser: están llenas de cajones secretos. Algunos están cerrados desde hace mucho tiempo y no se pueden abrir, otros contienen flores secas que se han quedado reducidas a polvo de rosas; otros, madejas enredadas, a veces alfileres."

"La música me transporta a un mundo en donde el dolor sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más profundo, como un torrente que se transforma en lago.(...) Siempre me ha parecido que la música debería ser silencio, el misterio de un gran silencio que buscara su expresión. Véase, por ejemplo, una fuente: el agua muda llena los conductos, se acumula, se desborda y la perla que cae es sonora. Creo que la música debería ser el desbordamiento de un gran silencio."

"La vida de los otros nos parece más fácil porque no la vivimos."

"Te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo."

!!!

21/8/09

Alexis o el tratado del inútil combate

"[...]Te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo."

Marguerite Yourcenar

27/7/09

Fantasmas II

Galimatías
Un poema sobre el Reverendo Sin Dios

"Hasta Génesis, capítulo once -dice el Reverendo
Sin Dios-, no teníamos guerras."
Hasta que Dios nos puso a pelear entre nosotros durante
el resto de la Historia de la Humanidad.

El Reverendo Sin Dios en el escenario, sus cejas están
depiladas y tienen forma
de arcos gemelos trazados a lápiz, y debajo de cada una
de ellas,
un arco iris de sombra de ojos con brillo en tonos del
rojo al verde.
Y sobre el músculo de un bíceps desnudo y protuberante,
bajo el tirante de espagueti de un vestido de noche de
lentejuelas rojas,
hay tatuada una calavera debajo de cuya barbilla pone lo
siguiente:
Muerte Antes Que Deshonor.

En el escenario, en vez de un foco, un fragmento de película:
un documental sobre viajes que muestra iglesias,
mezquitas y templos.
Líderes religiosos con túnicas enjoyadas
saludando con la mano a las multitudes desde coches
blindados.

El Reverendo Sin Dios dice: "En una llanura en la tierra de
Shinar, todo el mundo trabajaba por un mismo fin".
La humanidad entera con una meta común,
un sueño grande y noble por cuya realidad trabajaban
codo con codo
en aquella época previa a los ejércitos y las armas y las
batallas.
Y Dios bajó la vista y vio la torre que estaban levantando,
aquel sueño común de la gente,
elevándose poco a poco, un poco demasiado alta para su
gusto.
Y Dios dijo: "He aquí a un solo pueblo... y esto no es más
que el principio de lo que van a hacer... Nada de lo que
se propongan estará fuera de su alcance...".
Sus palabras, en Su Biblia. Libro del Génesis, capítulo
once.

"Así que nuestro Dios", dice el Reverendo Sin Dios, con los
brazos desnudos y los músculos de las pantorrillas
punteados,
con las marcas negras del pelo afeitado que le crece en
todos los poros,
dice: "Nuestro Dios todopoderoso se asustó tanto que
dispersó a la especie humana
por toda la Tierra,
y disgregó su idioma para mantener a sus hijos
separados".

Parte transformista de cabaret y parte marine retirado, el
Reverendo Sin Dios,
con sus lentejuelas rojas centelleantes, dice:
"¿Un Dios todopoderoso y es tan inseguro
como para enfrentar a sus hijos entre ellos y así
debilitarlos?".
Dice: "¿Ese es el Dios al que se supone que tenemos que
venerar?".

Chuck Palahniuk

16/7/09

Fantasmas

"[...]La Tierra, diría él, no es más que una gran máquina. Una gran planta procesadora. Una fábrica. Esa es vuestra gran respuesta. La gran verdad.

Imaginaos un pulimentador de piedra, una de esas muelas, que gira y gira, que gira veinticuatro horas al día y siete días a la semana, llena de agua y de rocas y de grava. Moliéndolo todo. Dando vueltas y vueltas. Puliendo las feas piedras hasta convertirlas en piedras preciosas. Eso es la tierra. Y la razón de que gire es que nosotros somos las piedras. Y lo que nos pasa a nosotros -el drama y el dolor y el placer y la guerra y la enfermedad y la victoria y los malos tratos-, pues bueno, no es más que el agua y la arena que nos erosionan. Que nos muelen. Que nos pulimentan hasta que resplandecemos.
Eso es lo que diría el señor Whittier.
Brillante como el cristal, así es nuestro señor Whittier. Abrillantado por el dolor. Pulimentado y resplandeciente.
Es por eso que nos encantan los conflictos, dice. Amamos odiar. Para detener una guerra, le declaramos la guerra. Tenemos que aniquilar la pobreza. Tenemos que combatir el hambre. Hacemos campaña y desafiamos y derrotamos y destruimos.
En tanto que seres humanos, nuestro primer mandamiento es:
Algo tiene que pasar.
El señor Whittier no tiene ni idea de cuánta razón tiene."

Chuck Palahniuk

23/6/09

Un hombre en la oscuridad

"[...]Objetos inanimados, enunció.
¿Qué pasa con ellos?, pregunté yo.
Objetos inanimados como medio de expresar emociones humanas. En eso consiste el lenguaje cinematográfico. Sólo los buenos directores saben cómo hacerlo, pero Renoir, De Sica y Ray son tres de los mejores, ¿verdad?
Sin duda.
PIensa en las primeras escenas de Ladrón de Bicicletas. El protagonista encuentra trabajo, pero para llevarlo a cabo necesita desempeñar la bicicleta. Se va a casa sintiendo lástima de sí mismo. Y allí está su mujer, en la calle, cargando con dos pesados cubos de agua. Toda su pobreza, todos los esfuerzos de esa mujer y su familia están contenidos en esos cubos. El marido está tan enfrascado en sus propios problemas, que ni se molesta en ayudarla hasta que casi están dentro de la casa. E incluso entonces, sólo le coge un cubo, dejando que ella cargue con el otro. Todo lo que nos hace falta saber sobre su matrimonio se nos muestra en esos pocos segundos. Luego suben las escaleras hasta su piso, y a la mujer se le ocurre la idea de empeñar la ropa de cama para recuperar la bicicleta. Recuerda la violencia con que da una patada al cubo en la cocina, la agresividad con que abre el cajón de la mesa. Objetos inanimados, emociones humanas. Luego pasamos a la casa de empeños, que no es una casa, realmente, sino un sitio enorme, una especie de almacén de objetos superfluos. La mujer vende las sábanas, y seguidamente vemos a uno de los empleados que lleva el pequeño paquete a los estantes donde se depositan los artículos empeñados. Al principio, las estanterías no parecen muy altas, pero entonces la cámara retrocede, y mientras el empleado empieza a subir, vemos que se alargan hacia arriba cada vez más, hasta llegar al techo, y cada estante y casillero rebosa de paquetes idénticos al que ahora está guardando, y de pronto parece que todas las familias de Roma han vendido la ropa de cama, que toda la ciudad se encuentra en la misma situación de miseria que el protagonista y su mujer. En una sola toma, abuelo. En una sola toma se nos ofrece el retrato de toda una sociedad que vive al borde del desastre."

Paul Auster

18/6/09

La Mujer del Viajero en el Tiempo

"[...]Lucille y yo siempre nos besábamos con mucha formalidad, en ambas mejillas, como si fuéramos unas condesas francesas muy ancianas que llevaran tiempo sin verse. Fue exquisita en su trato conmigo, aunque era capaz de devastar a su hija con una sola mirada. La echo de menos. En cuanto a Clare... bueno, decir que Clare "la echa de menos" sería una expresión inadecuada. Clare se siente privada de su presencia. Entra en la sala y olvida qué había ido a buscar. Clare se sienta con un libro y lo mira fijamente sin volver la página durante una hora; pero no llora. Clare sonríe si le cuento un chiste. Clare come lo que le pongo delante. Cuando le hago el amor, intenta seguirme con todo su empeño... y yo no tardo en dejarla tranquila, temeroso del rostro dócil y carente de lágrimas que parece hallarse a kilómetros de distancia. Echo de menos a Lucille, pero es de la presencia de Clare de quien me siento privado; Clare, que se ha marchado lejos y me ha dejado con esa extraña que solo guarda un gran parecido con ella."

Audrey Niffenegger

22/3/09

Nana

"[...]De pie delante de un armario estilo Regencia de nogal con vetas oscuras y un enorme espejo de cristal biselado en la puerta, Helen acaricia las guirnaldas y los pergaminos labrados y dice:
- Hazte inmortal conmigo.
Igual que este mueble, viajando de una vida a otra, viendo morir a todo el mundo que nos ama. Parásitos. Estos armarios. Helen y yo, las cucarachas de nuestra cultura.
De un lado a otro del espejo de la puerta hay una rayadura vieja hecha con su anillo de diamantes. De la época en que odiaba esta basura inmortal.
Imaginen la inmortalidad, donde incluso un matrimonio de cincuenta años parecería un rollo de una noche. Imaginen ver tendencias y modas pasar a su alrededor como manchas borrosas. Imaginen cambiar de religión, de casa, de dieta, de carrera, hasta que ninguna de ellas tengan ningún valor. Imaginen viajar por el mundo hasta aburrirse de cada metro cuadrado. Imaginen sus emociones, sus amores y odios y rivalidades y victorias, desarrolladas una y otra vez hasta que la vida no es nada más que un culebrón melodramático. Hasta que contemplan el nacimiento y la muerte de otra gente sin más emoción que se contemplan las flores cortadas y marchitas al tirarlas.[...]"

Chuck Palahniuk

3/3/09

Las Intermitencias de la Muerte

"[...]Atención,, pues, a la lección moral. Érase una vez, en el antiguo país de las fábulas, una familia integrada por un padre, una madre, un abuelo que era el padre del padre y el ya mencionado niño de ocho años, un muchachito. Sucedía que el abuelo ya tenía mucha edad, por eso le temblaban las manos y se le caía la comida de la boca cuando estaban a la mesa, lo que causaba gran irritación al hijo y a la nuera, siempre diciéndole que tuviera cuidado con lo que hacía, pero el pobre viejo, por más que quisiera, no conseguía contener los temblores, peor aún si le regañaban, el resultado era que siempre manchaba el mantel o el suelo al dejar caer la comida, por no hablar de la servilleta que le ataban al cuello y que era necesario cambiarla tres veces al día, en el desayuno, al almuerzo y a la cena. Estaban las cosas así y sin ninguna expectativa de mejoría cuando el hijo decidió acabar con la desagradable situación. Apareció en casa con un cuenco de madera y le dijo al padre, A partir de ahora comerá aquí, sentado en el patio que es más fácil de limpiar para que su nuera no tenga que estarse preocupando con tantos manteles y tantas servilletas sucias. Y así fue. Desayuno, almuerzo y cena, el viejo sentado solo en el patio, llevándose la comida a la boca conforme era posible, la mitad se perdía en el camino, una parte de la otra mitad se le caía por la boca abajo, no era mucho lo que se le deslizaba por lo que el vulgo llama canal de la sopa. Al nieto no parecía importarle el feo tratamiento que le estaban dando al abuelo, lo miraba, luego miraba al padre y a la madre, y seguía comiendo como si nada tuviera que ver con el asunto. Hasta que una tarde, al regresar del trabajo, el padre vio al hijo trabajando con una navaja un trozo de madera y creyó que, como era normal y corriente en esas épocas remotas, estaría construyendo un juguete con sus propias manos. Al día siguiente, sin embargo, se dio cuenta de que no se trataba de un carro, por lo menos no se veía el sitio donde se le pudieran encajar unas ruedas, y entonces preguntó, Qué estás haciendo. El niño fingió que no había oído y siguió excavando en la madera con la punta de la navaja, esto pasó en el tiempo que los padres eran menos asustadizos y no corrían a quitar de las manos de los hijos un instrumento de tanta utilidad para la fabricación de juguetes. No me has oído, qué estás haciendo con ese palo, volvió a preguntar el padre, y el hijo, sin levantar la vista de la operación, respondió, Estoy haciendo un cuenco para cuando seas viejo y te tiemblen las manos, para cuando tengas que comer en el patio, como el abuelo.[...]"

José Saramago